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lunes, 10 de octubre de 2011

El evangelio falso: No hay un cambio de conducta ni de opiniones

L. R. Shelton, Jr.

1921-2003

“Fe muerta”

El nuevo evangelio que hoy ha surgido, le permite al hombre seguir viviendo la misma vida impía e incrédula de antes a la vez que profesa ser cristiano. A pesar de la vida pecaminosa que lleva y a pesar de la condición perversa de su corazón, mantiene un cierto cascarón o forma externa de religiosidad. Es posible que hasta asista a los cultos, que lea su Biblia, que participe de la Cena del Señor, y hasta enseñe en la escuela dominical o predique en el púlpito –pero no posee nada real o vital porque Cristo no está en él. ¡No ha habido ningún cambio vital en su corazón por obra del Espíritu Santo!

¿Te das cuenta que este evangelio nuevo niega el poder de la gracia de Dios para romper el poder del pecado en la vida del pecador a través de la salvación y para mantener al alma redimida en el camino de la justicia y de la santidad auténtica? Por el hecho de no conocer este poder, el cristiano carnal se rinde ante la lascivia de la carne disfrazada de “libertad”, y sigue produciendo los mismos frutos de la carne que producía antes de manifestar su decisión de seguir a Cristo o de hacer su profesión de fe. Su profesión de fe no es más que una delgada capa, un endeble revestimiento de cristianismo, no posee el poder vital, dador de vida, que libera al pecador para seguir a Cristo en una vida de renunciamiento y santidad.

“La fe sin las obras es muerta” (Santiago 2:26). Nuestro Señor le dijo a la iglesia en Sardis: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto” (Apocalipsis 3:1). Efectivamente, el cristiano carnal todavía está espiritualmente muerto, y aunque su pastor trate de llevarlo al cielo con su pura predicación ante su ataúd, ¡va a parar al infierno! Éstos son los que Pablo describe en 2 Timoteo 3:5: “Tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. Los que enseñan este evangelio falso nada saben acerca del poder de nuestro Dios todopoderoso para salvar, romper el poder del pecado y librar al alma cautiva, de modo que ande en una vida nueva en Cristo, la cual es una vida de santidad. Por eso, sus convertidos producen los mismos frutos que se mencionan en los versículos anteriores de 2 Timoteo 3, a saber: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”.

Frutos del verdadero evangelio

Primero, vemos que los frutos que produce el verdadero evangelio en el corazón del hijo de Dios, se manifiestan cuando los comparamos con la semejanza de Cristo. El poder del evangelio obra en la vida del creyente que se ha arrepentido y ha creído, y, en consecuencia, esto lo ha librado del poder y la tiranía del pecado y ha producido en él, el reinado de justicia. Debido a esto, el alma redimida puede andar en una vida nueva por medio del Espíritu Santo que mora en él. El hijo de Dios es transformado a la semejanza de Cristo cuando el Espíritu Santo produce una vida cambiada de santidad, y, por consiguiente, esto lo separa de la vida de pecado, y lo aparta para el uso de Dios. Todo esto es efectuado por el poder del Espíritu Santo, que se denomina santificación progresiva (2 Corintios 3:17, 18). Vemos ahora que el fruto del Espíritu Santo es producido en el alma redimida tal como lo describe Gálatas 5:22; “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. También, por su poder divino se le conceden “preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:4). Y el poder de Dios nos guarda a cada uno por medio de la fe para salvación hasta el momento en que nos lleve a estar con nuestro Señor para siempre jamás (1 Pedro 1:4).

Ya ves, todo lo que necesitamos para toda la eternidad lo recibimos en Cristo, y la fe recurre a la Palabra de Dios que es fiel y vence diariamente al pecado, a Satanás y al mundo: “Antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). ¡Tales son los frutos producidos por el verdadero evangelio en el corazón de los hijos de Dios!

Su comportamiento es incorrecto

Consideremos ahora los frutos de los que han sido engañados por el evangelio falso del cristianismo carnal según los describe 2 Timoteo 3. Primero, veremos que su comportamiento es incorrecto. Segundo, veremos que sus opiniones son erróneas. Y, tercero, veremos que hasta sus afectos son erróneos. El versículo 1 nos dice: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. Luego, los versículos 2-4 nos describen los frutos de este evangelio falso del cristianismo carnal. ¿Cómo lo sabemos? Porque en el versículo 5 aparecen estas palabras sorprendentes acerca de las personas que los versículos anteriores describen como teniendo una “apariencia de piedad”, pero que niegan su eficacia. Y nos amonesta que los evitemos.

Sí, parece raro que se utilice una palabra como piedad en relación con la clase de persona descrita en estos versículos, hasta que nos damos cuenta que el Espíritu Santo se está refiriendo a los que tienen sus nombres en la lista de miembros de alguna iglesia. ¡Tienen una “apariencia de piedad” pero son paganos disfrazados de cristianos! Por lo mismo, vemos que su comportamiento es incorrecto.

“Blasfemos”

La Biblia dice que son blasfemos, es decir, su manera de hablar es abusiva y sucia. ¿No describe acertadamente esto la manera de hablar en nuestra época? ¿No abundan las palabras groseras entre los que afirman ser salvos? ¡Sí, oímos por todas partes mentiras, blasfemias y malas palabras dichas por supuestos cristianos! ¿Revela esto la verdadera condición de muchos corazones? ¡Sí, porque “de la abundancia del corazón habla la boca”! (Mateo 12:34). Cuando nos salva, el Espíritu purifica nuestro corazón, librándonos de ser blasfemos.

“Desobedientes a los padres”

Luego se describen como desobedientes a los padres. Nunca hemos vivido en una época cuando haya abundado tanto este pecado. Efectivamente, es evidente por todo el mundo. Los niños y jóvenes no hacen caso al quinto mandamiento que dice: “Honra a tu padre y a tu madre”, ni escuchan el consejo que Pablo nos da en Efesios 6:1-3: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. No obstante, cuando los niños y jóvenes rebeldes contra sus padres manifiestan haber aceptado a Cristo, les dicen que son salvos, por el mero de haberlo manifestado.

Quiero decirte algo aquí mismo: que ningún niño o joven así es salvo, sino que está perdido; porque cuando Dios salva a un alma, rompe el poder del pecado y el espíritu de rebeldía en su corazón y en su vida. Y Dios no salva a los niños en una forma distinta que a los adultos y ancianos: siempre lo hace por medio de su Espíritu Santo. Éste los tiene que despertar para que vean su condición perdida, porque Cristo vino a salvar lo que se había perdido. Por eso tengo que advertirte y decirte la verdad con amor: Cada niño y joven que Dios ha salvado, ha recibido el espíritu de obediencia.

“Ingratos”

Luego vemos en nuestro texto que estos convertidos al cristianismo carnal son “ingratos”. Este siglo se caracteriza por la ingratitud, y ésta se manifiesta aun entre los que profesan ser salvos. La mayoría de los que profesan ser cristianos en la actualidad no reconocen ni la bondad de Dios ni del prójimo, y no valoran nada. Mientras todo les vaya bien no les importa Dios; en cambio, le echan la culpa cuando algo les sale mal. Este es un pecado que caracteriza nuestros días. ¿Por qué existe esto entre los supuestos cristianos? Porque han negado la eficacia del poder de Dios en la salvación para romper el poder del pecado. Han predicado y escuchado un evangelio que los deja pecar, pero no han escuchado el evangelio de gracia de Cristo que enseña la liberación de la esclavitud del pecado y de la muerte.

Ser agradecidos es un fruto del Espíritu y debe ser una práctica del pueblo de Dios cada día y cada hora. Tenemos mucho por lo cual darle gracias a Dios. ¡Nuestra vida está llena de una liberación tras otra, de una orientación providencial tras otra, lo cual debería hacer brotar oraciones de gratitud a nuestro Dios viviente! El Señor nos exhorta a dar “gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18). “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15). Así, pues, la ingratitud es un fruto de la carne que caracteriza al hombre carnal.

“Impíos”

Otro vocablo que aparece aquí para describir el fruto de los que sostienen esta doctrina falsa del cristianismo carnal es la palabra impíos, que significa irreverentes. Sin lugar a dudas, esta es una de las características más preponderantes de estos últimos días. Una irreverencia hacia la Biblia, hacia Cristo, hacia Dios y hacia todo lo sagrado. Todos estos son tema para muchos chistes, y algunos supuestos cristianos son los que más se ríen de ellos. ¿Por qué? Porque no tienen ningún concepto de lo que es el pecado, ni aman a Dios, ni a su Palabra ni a su Cristo. Todos tienen una apariencia de piedad pero han negado rotundamente la eficacia del poder de Dios en su evangelio para salvar, liberar y guardar del pecado. Por otro lado, si hay una palabra para caracterizar a un hijo de Dios, es la palabra “santo”, o sea una persona santa, que está siendo transformada a la imagen y semejanza de Cristo. Esta es la razón por la cual Dios nos salva: para hacernos santos como Cristo (Efesios 1:4; Romanos 8:29; 2 Corintios 3:17, 18).

“Traidores”

La próxima palabra usada para describir el fruto de estos cristianos carnales es traidores. Esta palabra, aquí significa empecinados, o sea, aquellos que van a lograr sus fines, sin importarles lo que han prometido o el voto que han tomado. Van a seguir su propio rumbo sin importarles el costo, afirmando que el fin justifica los medios. Y, ¿a dónde puede ir uno hoy para encontrar un hombre que da su palabra y la cumple? Mi querido amigo, mi querida amiga: ¿cómo has cumplido esas promesas que hiciste al contraer matrimonio? ¿Has roto tus promesas y votos matrimoniales siendo infiel a tu cónyuge? El pecado del adulterio está descontrolado en al actualidad, y esto es romper los votos matrimoniales. Así que si eres culpable de este pecado, ¡estás marcado ante Dios como un traidor!

“Calumniadores”

La próxima expresión utilizada para describir el fruto de estos cristianos carnales es calumniadores. Esto describe a la persona que anda criticando a los demás, perjudicándolos sin intentar averiguar si lo que están diciendo es cierto o no. O podríamos llamarla chismosa, o sea alguien que comienza rumores sobre otro para su propia satisfacción. Pero mi amigo, ¡puedes estar seguro de que si ese es tu pecado tarde o temprano saldrá a luz! Dios aborrece al chismoso, y declara que castigará a los que siembran discordia entre los hermanos (Proverbios 6:16-19; Filipenses 2:3). A pesar de esto, los que enseñan este evangelio falso del cristianismo carnal afirman que lo que peca es sólo la carne: “No te preocupes, ¿acaso no manifestaste tu decisión de aceptar a Cristo?” Dicen: “Tu salvación es segura, y todo saldrá bien. Es cierto que quizá pierdas alguna recompensa del milenio o eternal, pero eso no tiene importancia, ¿no es cierto?” Pero Dios dice de semejante evangelio y de semejante gente: “a éstos evita”.

“Intemperantes”

También vemos en 2 Timoteo 3:3, que estos falsos profesantes son intemperantes, lo cual quiere decir sin dominio propio. Entonces, todo les es lícito: el licor, el vino, la cerveza, el sexo o los placeres: “Si quiero hacerlo, déjame hacerlo. Soy salvo y estoy bajo la gracia” o “Déjame desahogarme y perder los estribos, o dar rienda suelta a mi cólera, porque en realidad no importa ya que tengo libertad”. ¡Sí, la libertad para ir al infierno! Querido amigo, la libertad que Dios nos da es la libertad para andar en santidad; y el fruto contrario a lo que estos cristianos carnales intemperantes producen es el fruto del Espíritu llamado “templanza”. Esto es tener dominio propio, y conducirnos con mansedumbre y bondad.

“Crueles”

Además el texto describe a estas almas engañadas como crueles. Esto significa salvajes, especialmente con la lengua, causando heridas que quebrantan el corazón, destruyen las esperanzas y arruinan vidas. Pero, ¿cómo puede profesar ser salvo el que ataca a su madre o hermana o pastor encarnizadamente porque lo hayan contradicho? Si así es tu corazón y tu lengua, no eres salvo. Has sido engañado por el evangelio del cristianismo carnal y nada sabes de Cristo y su amor, porque el Espíritu Santo no ha derramado su amor en tu corazón. Necesitas nacer de nuevo, necesitas un corazón nuevo y una naturaleza nueva.

Cuando Dios te salva, rompe el poder del pecado en tu vida. Te da un corazón nuevo para amarlo a él y para amar a tus prójimos. Te da su naturaleza divina para poder adorarle en Espíritu y en verdad. Te da la mente de Cristo, para que sigas en pos de la justicia y la santidad auténticas. Te da su Espíritu para que more en ti, para que te llene y sobreabunde, y para obrar en ti la gloriosa y maravillosa salvación de Dios por la fuerza de su poder. Tendrás nuevos deseos, nuevas esperanzas, ambiciones nuevas y hasta una vida nueva. “Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Nos dice Tito 3:3, 4: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias, y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador” dejamos atrás la vida anterior, y ahora andamos en vida nueva en Cristo Jesús. Ahora, por su gracia, sometemos nuestros miembros como instrumentos de justicia para Dios. ¿Por qué? Porque nos ha redimido por medio de su amor maravilloso, de su sangre y poder. Nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado, dándonos la libertad de seguir a Cristo en la libertad del evangelio de gracia. ¡Ahora tenemos un cántico nuevo y una alabanza nueva para nuestro Dios, quien nos ha sacado del fango del pecado y nos ha dado odio por el pecado y por nuestro yo, por el mundo y por Satanás, y nos ha colocado sobre la Roca, Jesucristo!

¡No te dejes engañar por el dios de este mundo creyendo que puedes ser acreedor al cielo mientras permaneces ligado a tus pecados y a tus costumbres aborrecibles! Tu única esperanza, si aceptaste este evangelio falso, es hacer frente honestamente a tu verdadera condición y, arrepentido, deponer tus armas de rebelión y volverte a Cristo con fe, rogándole que tenga misericordia de tu alma eterna, por los méritos de su obra redentora en ti.

“Traidores” e “impetuosos”

Otro de estos frutos del cristianismo carnal en 2 Timoteo 3 es traidores. Esto significa que el que profesa ser religioso pero no es convertido, es traicionero, no es digno de confianza y no respeta la verdad, y, por lo tanto, niega la verdad de la gracia redentora. Esta palabra describe a los que no tienen ningún sentido de lealtad hacia Cristo, ni hacia su causa, ni a su evangelio verdadero, ni a su iglesia (su pueblo verdadero). Sólo son leales a su “yo”.

La próxima expresión es la palabra impetuosos, que significa obstinados, temerarios; son los que siempre quieren hacer lo que se les da la gana. ¡Aquí vemos una vez más el resultado del falso evangelio de cristianismo carnal, que dice que esta clase de persona es salva! Es la que toma las riendas y hace caso omiso a lo que es justo, a los derechos de los demás o a las consecuencias de sus acciones. Lo más importante, es que se haga todo como él quiere, cueste lo que cueste. ¡Cuántas personas impetuosas hay en la cristiandad hoy, quienes nunca tienen en cuenta a Dios en sus vidas! Su voluntad nunca ha sido quebrantada, y nunca han confesado su culpa por su condición delante de Dios. Por lo tanto, nada saben de Cristo y su salvación.

¡Qué cuadro tan penoso muestra 2 Timoteo 3 al enunciar los frutos que proliferan en la actualidad, que son producidos por este evangelio falso del cristianismo carnal anunciado desde tantos púlpitos! “Con tal que hayas tomado tu decisión, con tal que hayas pasado al frente cuando se extendió la invitación en el culto, y le hayas dado la mano al pastor, o con tal que te hayas hecho miembro de la iglesia, o aun si levantaste la mano para que oraran por ti o si recitaste la oración del pecador, ahora todo está bien y puedes estar seguro del cielo, no importa la vida que lleves de aquí en adelante”. ¡Y el poder del pecado no está roto, así que puedes darle rienda suelta a la naturaleza vieja porque no puedes hacer otra cosa! Oh, sobre qué fundamento falso confían las pobres almas, ignorando que no han puesto a Cristo como la piedra angular en sus corazones, ni el poder de Dios ha obrado nunca en sus corazones.

Sus opiniones son erróneas

Pero estas diez palabras y expresiones no son todo lo que se presenta aquí para describir al cristiano carnal inconverso. Hay más, y las describiremos diciendo que sus opiniones son erróneas. Efectivamente, si su comportamiento es incorrecto lo son también sus opiniones.

En primer lugar, vemos que su opinión de sí mismos es errónea. Según 2 Timoteo 3:2, son vanagloriosos, o sea que se jactan de lo que hacen y de lo que son. La palabra los identifica como orgullosos que se creen mucho, que están llenos de sí mismos y que se alaban a sí mismos. Al mundo le encanta esto, y lo aplaude, pero es justamente lo contrario a un espíritu semejante a Cristo, que es humilde, contrito, altruista y considera a los demás mejores que él.

Además, tienen opiniones erróneas porque son orgullosos. También les cabe la palabra “altivos”, porque describe a los que desprecian a los humildes. Hemos de recordar que el Espíritu Santo no está describiendo aquí al mundo, sino a los que han adoptado el cristianismo y dicen ser salvos, pero por sus palabras y sus hechos niegan el poder del verdadero evangelio para salvarlos. ¡Qué condición espantosa! Estas pobres almas engañadas “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” de que son pecadores perdidos, indefensos y culpables delante de Dios. Siempre están leyendo libros, tratados y folletos sobre la vida cristiana o la vida del Espíritu, y siempre están leyendo sobre cómo vencer la depresión, las preocupaciones, el enojo y cómo llevarse bien con los demás. Pero nada les sirve porque nunca han llegado a conocer la verdad de que Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes (1 Pedro 5:5). No saben que son culpables delante de Dios como pecadores indefensos que sólo merecen el infierno.

Siempre andan de aquí para allá, investigan esta o aquella verdad o grupo, prueban distintos métodos, escuchan a este predicador y al otro, y aprenden todo lo que sea una nueva profecía, pero nunca pueden llegar a comprender que todos sus problemas proceden de un corazón duro y contumaz que no ha sido quebrantado. Están edificando su casa sobre la arena, y nada saben de Cristo, la Piedra Angular, que debe morar en sus corazones. Éstos nunca han sido regenerados por el poder del Espíritu Santo, nunca han nacido de Dios de modo que pertenezcan a la familia de Dios. ¡Qué cosa terrible, amigo, que te cuentes entre los que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”!

Vemos también que sus opiniones son erróneas porque se los describe como infatuados. Están enamorados de sí mismos, totalmente convencidos de su propia importancia. Su vida es como la del fariseo en Lucas 18, puro “Yo, yo, yo, yo, yo, yo”. Efectivamente, en sólo dos versículos el fariseo declaró de cinco distintas maneras la elevada opinión que tenía de sí mismo. Su vida entera giraba alrededor del yo, y no de Cristo. Tal es la vida de los que se han dejado engañar por el evangelio falso del cristianismo carnal. Viven una vida egoísta, centrada en su “yo” y no en Cristo. Todo lo que hacen o dicen tiene la intención de centrar la atención en su ego.

Luego, vemos que la opinión que estas almas engañadas tienen de los demás se expresa en la frase: aborrecedores de lo bueno. Están en contra y hasta aborrecen a los que viven una vida santa en Cristo Jesús, a los que toman en serio y desean poner en práctica las virtudes enunciadas en Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Sí, es extraño, pero muy cierto, que los que quieren vivir piadosamente, padecerán persecución. ¿De quién? De los que profesan ser religiosos, pero nunca han sido salvos, sino que sólo tienen una apariencia de piedad. ¿Sabes por qué? Porque la vida del creyente santo condena al impío; el mero hecho de verlo se convierte en una reprensión contra su iniquidad. La pecaminosidad no aguanta tal santidad. Este odio hacia lo bueno, nace dentro de ellos, y sólo puede ser quitado por el nuevo nacimiento.

Aplicación

Pero aquellos que son nacidos de Dios son lo contrario, porque una de las características del verdadero hijo de Dios es el amor, el amor hacia los hermanos. “Sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14). Y Juan agrega: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7).

¿Te ha dado el Señor un corazón nuevo para poder amar a Dios y a tu prójimo? ¿O estás envuelto en el evangelio falso del cristianismo carnal que te deja seguir produciendo estos frutos de la carne en el nombre de la religión? Ciertamente, el Espíritu Santo te ha dado en 2 Timoteo 3, un espejo en el cual mirarte, y mi oración para ti, si te has dejado engañar por este evangelio falso, es que al mirarte, te veas tal cual eres, y que, por la gracia de Dios escuches su Palabra cuando te dice “a éstos evita” , y que, arrepentido, te vuelvas a Dios.

Si reconoces que has sido engañado, pídele a Dios que ilumine tu entendimiento para poder verte a ti mismo como un pecador culpable delante de él. Luego, al ser iluminado tu corazón con la luz del glorioso evangelio de Cristo, te sentirás humillado delante de Dios al verte como Dios siempre te ha visto. Entonces dejarás tus jactancias, y comenzarás a clamar a Dios que te vista en la justicia de Cristo. También, mientras el Espíritu Santo obra en ti para, en su iluminación, mostrarte tu corazón, y para que te humilles delante de él, te hará que te detestes a ti mismo y al pecado. No sólo te dará odio hacia el pecado, sino que también te dará el anhelo de ser liberado de su poder y tiranía. Y luego, ¡alabado sea su nombre! Mediante su poder efectuará una transformación, cuando te acerques de corazón y aceptes con fe al bendito Señor Jesucristo en toda su obra de redención. Sí, por medio del poder de la sangre de Cristo tu vida será transformada, y lo mostrarás con un arrepentimiento auténtico.

Arrepentimiento es dejar atrás

Los pecados que antes amamos,

Y mostrar que de veras nos arrepentimos

Al no cometerlos más.

¡Que el Espíritu Santo obre en ti la maravillosa salvación por medio de su poder incomparable, y te dé nuevos anhelos, nuevas esperanzas, nuevas ambiciones y una vida nueva! (2 Corintios 5:17).

¿Por qué debe el cristiano morir al pecado?

L. R. Shelton, Jr.

1921-2003

“Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos en él?” (Romanos 6:2). Ya hemos visto que todo el capítulo 6 de Romanos presenta la gloriosa verdad de la muerte del creyente al pecado y, por lo tanto, la liberación de su dominio, de su tiranía, de su reinado y de toda su influencia. Creo que la clave que nos comunica esta verdad se encuentra en Romanos 5:21: “Para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante, Jesucristo, Señor nuestro”. En el Señor Jesucristo, en cuya muerte fuimos bautizados, somos librados totalmente del pecado y de su poder.

Presta atención porque vamos a volver a enfatizar esta gran verdad eterna: El cristiano es uno que está en Cristo. Por el hecho de estar en Cristo, ha muerto con él, ha sido sepultado con él, ha resucitado con él, en él está vivo para Dios. Y debido a esta identificación con Cristo, el pecador arrepentido creyente, ha sido liberado del pecado –ha muerto al pecado.

¿Cómo hemos muerto al pecado?

Ahora surge la pregunta: “¿En qué sentido el creyente en Cristo ha muerto al pecado, habiendo, por lo tanto, sido librado de él?” Las Escrituras son claras al decir que no estamos libres de la influencia del pecado, y nos dice que el pecado influye sobre nosotros porque todavía tenemos pecado en la carne (Romanos 7:15, 19; 8:10). Ni tampoco estamos todavía muertos a la presencia del pecado (Romanos 7:21), ni lo estaremos hasta recibir nuestro cuerpo nuevo en la resurrección. Ni estamos libres de los efectos del pecado en esta vida, porque Romanos 7:24 y el Salmo 51:2 nos dicen que el pecado aún nos afecta, sigue siendo la plaga de nuestro corazón. Nuestro Señor nos enseñó a orar: “Perdónanos nuestros pecados” (Lucas 11:4), y nos ha dado 1 Juan 1:9 como nuestro confesionario y el Trono de Gracia al cual acudir (Hebreos 4:6) para hallar gracia en nuestra hora de necesidad.

¿En qué sentido estamos muertos al pecado? Las Escrituras enseñan claramente que estamos muertos al pecado como un amo que ejerce autoridad sobre nosotros, porque Cristo es nuestro Señor, y donde antes reinaba el pecado para muerte, reina ahora la gracia por la justicia (Romanos 5:21). Estamos muertos al pecado, con respecto a su culpabilidad, el pecado no nos puede condenar, pero estamos vestidos de la justicia de Cristo, lavados por la fe en su sangre, y nos presentamos delante de Dios completamente justificados de todo pecado. Nuestros pecados le han sido imputados a Cristo (Romanos 4:8). “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Lo repetimos: vemos que ya no seguimos la corriente de este mundo (Efesios 2:2), como lo hacíamos cuando andábamos en tinieblas, sino que ahora somos luz y andamos como hijos de luz (Efesios 5:8). Ahora ya no consideramos el pecado como un amigo, sino un enemigo; ahora como hijos de Dios deseamos vivir según el Espíritu, y no según la carne.

No he dicho que creo que la Biblia enseña la perfección sin pecado, ni la erradicación de la vieja naturaleza en el creyente. Tampoco he afirmado que el creyente puede vivir sin pecado en esta vida, porque esto no es lo que la Biblia enseña. Lo repito: (1) El pecado ya no es nuestro señor, porque Cristo es nuestro Señor, y la gracia reina en nuestro corazón. (2) Estamos muertos a la culpabilidad del pecado, porque no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús. (3) Estamos muertos al pecado como manera de vivir porque ya no andamos en oscuridad sino en la luz del Señor. (4) Estamos muertos al pecado porque ya no es nuestro amigo, sino nuestro enemigo. Por la gracia de Dios huimos del pecado.

¡Y esto es algo que hace Dios por cada alma que salva! Nunca debemos olvidarlo porque en esto radica nuestra esperanza, nuestra paz, nuestra seguridad y, sí, nuestra salvación que hemos recibido gratuitamente en el Señor Jesucristo.

Por favor no te canses de que siga repitiendo estas verdades de la gracia, porque lo hago por tu bien. Primero, para que, si eres realmente salvo, puedas saber lo que tienes en Cristo y te regocijes en él; o, si has sido engañado por el evangelio falso del cristianismo carnal, puedas, por la gracia de Dios, escapar del lazo del diablo (2 Timoteo 2:25, 26).

“Yo en ellos, y tú en mí”

¿Puede uno ser un cristiano justificado, y, no obstante, no ser libre del pecado? ¿Hemos de esperar esta libertad en alguna experiencia futura? ¿Podemos justificarnos diciendo, como dicen algunos: “Bueno, no soy yo, sino mi vieja carne la que peca”? ¿Podemos aceptar a Jesús como Salvador ahora y a la vez rehusar someternos a él como Señor hasta algún momento en el futuro? ¡Esto no puede ser! Tales enseñanzas no pueden estar en lo cierto por causa de nuestra unión con Cristo: en todo lo que él es, por todo lo que ha hecho y por todo lo que hace por nosotros en la actualidad. Los hijos de Dios se han identificado con Cristo, se han unido a él en una unión inmutable e irrompible. Nuestro bendito Señor se interesa profundamente en esta unión. Lo comprobamos al leer su oración como nuestro sumo sacerdote: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste... para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:20-23). De modo que vemos que nuestro Señor oró por esta unión con su pueblo, el cual él adquirió en la cruz, y que esta oración ha sido contestada, porque en la salvación somos uno en Cristo, ¡y él nos ha capacitado para perseverar hasta el fin en esa gracia y esa fe otorgada gratuitamente hasta el fin!

Lo repito. Las Escrituras declaran que esta unión procede de Dios nuestro Padre: “Por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Corintios1:30).Efectivamente, fue el propósito y el plan del Padre desde la eternidad, el Hijo lo pidió en oración y lo compró en la cruz. Y 1 Corintios 12:12, 13 declara que el Espíritu Santo lo ha hecho eficaz en el corazón y la vida de cada uno de sus hijos. “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. Lo diremos en palabras sencillas: “los que hemos sido salvos hemos sido bautizados en (o colocados) en un mismo cuerpo, y ese cuerpo es Cristo. Por lo tanto, vemos que estamos unidos a Cristo, quien es la “cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22, 23).

Romanos 7:14 habla de esta unión del creyente con Cristo como una unión matrimonial: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”. ¡Qué hermoso — desposados con Cristo — entregados a él en el lazo de la unión matrimonial espiritual, porque nos hemos unido en esa unión inseparable del amor! Habiéndonos unido a Cristo en la unión santa del amor espiritual, habiéndole prometido nuestra lealtad para este tiempo y para la eternidad, habiéndolo aceptado para siempre, renunciando a todos los demás amores para aferrarnos a él toda la vida, ¿cómo podríamos pensar en un adulterio espiritual, y mucho menos, practicarlo? Él se ha ganado nuestro corazón con todos los regalos de su amor a nuestra alma. Sí, nos preserva por su obra continua como sumo sacerdote dentro del velo y su Espíritu que mora en nosotros. Y tenemos su promesa que viene para recibirnos para sí, para que donde él esté estemos también nosotros por toda la eternidad.

En vista de todo esto, pregunto: ¿Cómo podría yo abandonarlo a él o él a mí para volver yo al dominio del pecado? ¡Jamás! Él ha prometido guardarme hasta el fin sin mancha ni arruga, y guardarme sin caída delante del Padre celestial (Judas 24), quien me escogió para ser la esposa de su Hijo por la eternidad. Y esto para mí, es razón para cantar con gozo mis alabanzas a él, porque su Palabra me asegura que ahora ha redimido mi alma eterna de la fosa del infierno, me ha librado del cautiverio de Satanás y me guardará para siempre. ¡Nunca me dejará separarme de él! ¿Cómo? Por medio de su amor y su poder que me constriñen.

Ejemplos

Sucede lo mismo en la vida humana. Si uno ama a su esposa, no tiene necesidad de otra. Si ha abandonado a todas las demás por ella, entonces hay satisfacción y contentamiento, y esto hasta la muerte. Ahora bien, tal como el amor auténtico mantiene juntos al marido y a la esposa y los mantiene mutuamente fieles, así también en las realidades espirituales, el amor auténtico a Cristo nos mantiene fieles a él en ese voto matrimonial tomado en la salvación.

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4). Si eso es cierto en la vida humana, podemos estar muy seguros de que también es muy cierto en la vida espiritual. Santiago 4:4 dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. Efectivamente, Dios juzgará a los adúlteros que profesan estar desposados con Cristo y prostituyen su amor en la lascivia del pecado. Lo que Dios está afirmando es que ¡no eres salvo si vives en el pecado! ¡Eres su enemigo y vives bajo su ira!

Los siguientes versículos puntualizan nuestra unión con Cristo: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” (1 Corintios 6:15). “Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efesios 5:30). Luego, en 1 Corintios 6:15 tenemos la pregunta: “¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera?” y sigue la respuesta: “De ningún modo”.¡Ni se les ocurra! ¿Por qué? Porque hemos sido comprados por precio. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a otro, a Jesucristo, nuestra cabeza y nuestro esposo.

En 1 Corintios 6:17 vemos que el hijo de Dios tiene una unidad de espíritu con Cristo, por lo tanto, no hará del pecado una práctica de su vida. En Romanos 8:35 vemos que el que es hijo de Dios tiene el amor de Cristo, por lo tanto no hará del pecado una práctica de su vida. O, como nos dice 2 Corintios 5:14: “El amor de Cristo nos constriñe” –nos sostiene. Y en Colosenses 3:4 está escrito que el hijo de Dios tiene la misma vida de Cristo en él, por lo tanto, no hará del pecado una práctica de su vida. Por último, vemos en Colosenses 2:10: “Y vosotros estáis completos en él”. El hijo de Dios está completo en Cristo, y no tiene necesidad de ningún otro, ni de ninguna otra cosa para tener gozo, felicidad, contentamiento y satisfacción mientras espera a su Amado del cielo, y, por lo tanto, no va a hacer del pecado una práctica de su vida.

Efectivamente, la Biblia está llena de razones por las que el auténtico hijo de Dios no va a hacer del pecado una práctica: está desposado con Cristo, y por lo tanto, está ligado por la ley del amor y del matrimonio. Está en Cristo, y, por lo tanto, tiene la mente de Cristo, tiene el Espíritu de Cristo, tiene el amor de Cristo, y aun la misma vida de Cristo dentro de él por medio del Espíritu Santo.

Aplicación

¡Gloria, aleluya y alabado sea nuestro Señor resucitado porque nos ha dado semejante evangelio, semejante redención, semejante liberación! ¡Un evangelio que nos libera en Cristo Jesús para andar en la luz! Él nos hizo sentar en los lugares celestiales en él mismo para que tengamos comunión con nuestro trino Dios en Cristo Jesús nuestro Señor. ¡Sí, este verdadero evangelio de la gracia de Dios en Cristo Jesús permite vivir en el cielo mientras estamos todavía en la tierra!

¿Conoces este evangelio que libera al hombre de la ley del pecado y la muerte? ¿Has sentido alguna vez la obra del Espíritu Santo en tu corazón para convencerte del pecado, la justicia y del juicio venidero? ¿Nunca te ha presentado delante de ti tus pecados para mostrarte tu condición culpable ante Dios? ¿Nunca te ha enseñado el Espíritu Santo tu condición verdadera, que vives engañado, que tu corazón es engañoso por sobre todas las cosas y desesperadamente perverso? ¿Puedes recordar la convicción del Espíritu Santo, y cómo te postraste a los pies de Dios con un arrepentimiento auténtico, con aborrecimiento por tus pecados y un anhelo de santidad y justicia, un anhelo de ser librado del castigo y del poder del pecado y de la ira de Dios? ¿Puedes recordar cuando escuchaste el evangelio de la gracia de Dios, esas buenas nuevas de salvación y liberación en Cristo? ¿Te has acercado a él con fe, esa fe que el Espíritu Santo da para que le confíes tu alma eterna para este tiempo y para la eternidad?

Libre del castigo y del poder del pecado – Segunda parte

L. R. Shelton, Jr.

1921-2003

Romanos 6:1-4

Todo el capítulo 6 de Romanos está en contra del evangelio falso del cristianismo carnal. Después de considerar la pregunta del versículo 1: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”, el versículo 2 nos dice no, que los que somos salvos hemos muerto al pecado y ya no andamos en él, porque al salvarnos, el Hijo nos ha librado del pecado y del dominio de su poder. En el versículo 3 leemos que al ser salvos fuimos bautizados por el Espíritu Santo en Jesucristo; es decir, que fuimos colocados en Cristo, y, por lo tanto, fuimos bautizados (colocados) en su muerte. Todo lo que Cristo, nuestro Señor, hizo en su muerte como nuestro sustituto, ha llegado a ser nuestro, porque estábamos con él en la cruz. Cuando fuimos salvos por su gracia, todos los beneficios que resultaron de su obediencia hasta la muerte, han llegado a ser nuestros. Esto es lo que Dios hace por cada alma que salva.

En el versículo 4 leemos que en razón de que ha sucedido esto, hemos sido sepultados por el bautismo en su muerte (o colocados en su muerte) y tal como Cristo fue resucitado de la muerte por el poder del Padre, nosotros hemos resucitado con él para andar en una vida nueva. En consecuencia, el pecado ya no ejerce dominio sobre nosotros porque hemos muerto al pecado así como Cristo dio muerte a nuestro pecado que cargó en su propio cuerpo en el madero (vv. 9, 10).

Podemos comprender estas verdades que encontramos en Romanos únicamente por el poder revelador del Espíritu de Dios; pero, mi querido amigo, sólo si Dios tiene a bien revelarlas a nuestro corazón por medio de su Espíritu, ¡qué riqueza de verdades espirituales encontramos aquí! ¡qué caudal de su gracia ha derramado sobre nosotros! Lo que el Espíritu Santo nos está diciendo es: hemos sido hechos uno en Cristo. Del mismo modo que Cristo murió por nuestros pecados, hemos muerto nosotros a estos mismos pecados. Y ya no tienen dominio sobre nosotros, porque el reinado del poder del pecado ha sido roto.

Romanos 6:5

En el versículo 5 tenemos una vez más la declaración clara de la unión del creyente con Cristo en las palabras: “plantados juntamente con él”. Lo que el Espíritu Santo nos está diciendo aquí es (lo que para mí da por tierra al evangelio del cristianismo carnal): Puesto que hemos sido plantados juntamente con Cristo en su muerte, hemos sido plantados juntamente con él en su resurrección. ¡Oh, que tomáramos nuestra Biblia y leyésemos lo que Dios ha hecho por nosotros y nos ha dado en Cristo al salvarnos! Allí encontramos que los beneficios que hemos recibido por identificarnos con él en su muerte nos son asegurados por el poder de su resurrección. ¡Y esto no deja nada que se preste a equivocaciones en la salvación positiva que nos es dada en Cristo Jesús el Señor!

Pero este versículo 5 nos subraya otra gran verdad: Por haber sido plantados juntamente con él, produciremos el fruto de la santificación (v. 22), porque estamos unidos a Cristo en esa relación vital de ser uno. Si comparamos esto con Juan 15:5 donde nuestro Señor dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos” podemos ver esta misma verdad de identificación con Cristo en esa unión vital de ser uno. Y si estamos unidos a él siendo uno, entonces tal como él está en el cielo, así estamos en esta tierra como peregrinos y extranjeros camino hacia la gloria. Por lo tamo, siendo un buen árbol, produciremos buen fruto, según Mateo 7:18. Lee este versículo con cuidado, y verás que “un buen árbol no puede dar malos frutos”. ¿Por qué? Porque está identificado con Cristo, el sufriente, en la muerte al pecado y en la resurrección a una nueva vida que da fruto para santificación.

Amigo mío, ¿has notado la frase “no puede” en Mateo 7:18? El buen árbol, que representa al hijo de Dios nacido de nuevo (uno aceptado por Cristo y unido a él en la unidad de la fe en la salvación), no puede dar malos frutos. ¿Por qué? Porque el buen fruto del Espíritu Santo es producido por la vida de Cristo en nosotros. ¡Oh, mi querido creyente, esto se refiere a nuestra posición en Cristo! Sí, considero estos pasajes como benditos, porque me dicen que dado que he sido identificado con Cristo en su muerte y resurrección, entonces también, en virtud de su vida en mí, tengo la capacidad de vivir una vida nueva con el poder del pecado habiendo sido roto ya, y producir fruto para santificación, a medida que Dios por su Espíritu me va cambiando de gloria en gloria a la semejanza de Cristo.

Romanos 6:6

Llegamos ahora al versículo 6 de este capítulo 6 de Romanos, que dice: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”. Primero consideremos la expresión: “Sabiendo esto” que, en mi opinión, es una evidencia más en contra del falso evangelio del cristianismo carnal. ¿Cómo? Por la enseñanza del Espíritu Santo cuando nos encontramos bajo convicción. Está diciendo aquí que esto es algo conocido, algo sobre lo cual todos tenemos que estar absolutamente seguros, por lo tanto, el Espíritu Santo dice: “Sabiendo esto”. Quizá preguntes: “¿Qué es lo que tenemos que saber?” Esto: que morimos al pecado en la muerte de Cristo, y que resucitamos en la resurrección de Cristo para andar en una vida nueva; y, por consiguiente, hemos llegado a ser nuevas criaturas en Cristo. ¿Sabías esto? ¿Vives siempre en la luz de este conocimiento? ¿Estás seguro de esto? Si eres salvo, tienes que estar seguro porque es una parte vital y esencial de nuestra salvación. Ahora contamos con el poder para despojarnos del comportamiento anterior del viejo hombre que está viciado por sus deseos engañosos, y vestirnos del nuevo hombre creado a semejanza de Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4:22-24). Sí, porque el poder del pecado ha sido roto, podemos obedecer estos mandatos de no servir ya al pecado. ¿Obedecer perfectamente? ¡Ojalá pudiéramos! Esto es lo que los hijos de Dios anhelamos porque aborrecemos el pecado. No obstante, siendo salvos aprendemos de la Palabra de Dios y aceptamos por fe que ésta es nuestra posición en Cristo: ¡él nos ha librado del reino y de poder del pecado!

El Espíritu Santo nos enseña

Entonces, ¿por qué la mayor parte de la cristiandad no sabe de esta liberación del poder y del castigo del pecado? ¿Por qué tantos viven según la carne y no según el Espíritu? ¿Por qué ofrecen toda clase de excusas para andar en la carne y a favor del evangelio del cristianismo carnal? Amigo mío, lo que sucede es que les ha faltado la convicción que da el Espíritu Santo, porque si hubieran sentido la convicción que proviene del Espíritu Santo, habrían sabido de la esclavitud del pecado, y, por consiguiente, la liberación que él da. El Espíritu Santo les hubiera enseñado por medio de la convicción, las cosas que tanto humillan a la carne.

¿Cuáles son estas cosas que enseña las cuales humillan tanto a la carne? (1) Que tú y yo estamos destituidos de cualquier justificación o buenas obras que el Señor aceptaría (Isaías 64:6). (2) Que en nuestra carne no mora ninguna cosa buena (Romanos 7:18). (3) Que por naturaleza, tú y yo somos pecadores viles y miserables delante de Dios (Job 40:4; Apocalipsis 3:17). (4) Que tú y yo estamos destituidos de cualquier sabiduría espiritual (Romanos 3:11), y, por lo tanto estamos llenos de vanidad y orgullo (Salmo 39:5). (5) Que estamos destituidos de todo poder espiritual (Romanos 5:6), y, por lo tanto, no tenemos la capacidad de hacer algo bueno por nuestros propios medios (Juan 15:5). (6) Que tú y yo estamos privados de libertad (Isaías 61:1), y, por lo tanto, estamos vendidos al pecado (Romanos 7:14).

Además, el Señor nos enseña que somos esclavos de nuestras concupiscencias (Tito 3:3), y andamos según el consejo del diablo de cuya voluntad somos cautivos (2 Timoteo 2:26), porque, por naturaleza, somos de nuestro padre, el diablo (Juan 8:44). Esto es lo que Dios nos muestra bajo convicción, y, contando con este conocimiento, nos arrepentimos humillados ante Dios.

Amigo mío, lo que sucede es que bajo la convicción de su Palabra, el Espíritu Santo deja que la luz del glorioso evangelio de Dios ilumine nuestro corazón, manifestando la gloria de Jesucristo, y, por lo tanto, nos vuelve de las tinieblas a la luz, sacándonos completamente del reino de tinieblas para colocarnos en Cristo y en su reino. Esta es nuestra posición en Cristo por la obra de la cruz que él realiza en nosotros, y esto lo experimentamos por fe a medida que el Espíritu Santo nos enseña utilizando su Palabra. Gracias a esta obra entendemos por fe las palabras benditas de nuestro Señor en Juan 8:36: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Habiendo vivido en la esclavitud del pecado (¡sí, como esclavo!) ahora, por medio de la salvación en Cristo, el Espíritu Santo nos muestra por medio de su palabra, y aceptamos por fe, que hemos sido liberados (puestos en libertad) por el evangelio, el cual es poder de Dios para salvación. ¿De qué modo se efectúa esto en nosotros, y cómo podemos comprenderlo? Por medio de la obra del Espíritu Santo en nuestro corazón. Él obra el arrepentimiento en nosotros de modo que comparecemos ante Dios como culpables y con odio contra los pecados que hemos cometido contra Dios, y reconociendo que somos pecadores delante de él. Es también por medio del poder del Espíritu Santo a través del evangelio que creemos para vida y sabemos que Dios en su misericordia y gracia, ha perdonado nuestros pecados, cubriéndolos con su sangre preciosa; y nos ha dado un corazón nuevo y una naturaleza nueva, y, por lo tanto, nos capacita para poder andar en el camino de justicia y de auténtica santidad.

¿Qué es el evangelio?

Ahora bien, ¿qué es el evangelio? El evangelio es las buenas nuevas que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó el tercer día conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:3, 4). Por lo tanto, basado en este evangelio, que es Cristo mismo y toda su obra, Dios puede ser justo en librar al pobre pecador que acude a él con arrepentimiento y fe, y Dios considera todo lo que hizo Cristo como algo que él, el pecador, ha hecho. Así es que por causa de la obra de Cristo y por medio del poder del Espíritu Santo, se efectúa esta liberación.

Por la gracia soberana y gratuita, el pecador es librado, primero, de la condenación del pecado, del castigo de la ley y de la ira de Dios, en la justificación. Isaías 42:7 dice que Cristo fue enviado: “para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casa de prisión a los que moran en tinieblas”. En Lucas 4:18, 19, Cristo dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. También leemos en Romanos 8:1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.

Segundo, por medio del poder del verdadero evangelio de la gracia de Dios en Cristo Jesús que obra en la salvación, hay una liberación del poder de Satanás. Esta verdad de la gracia se manifiesta en Colosenses 1:13 con estas palabras: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”. En Hebreos 2:14, leemos que Satanás, quien tenía el poder de la muerte, ha sido destruido para el creyente, y que el que es el hijo de Dios no volverá a estar bajo el yugo del poder de Satanás (1 Juan 5:18).

Tercero, en la salvación por medio del poder del evangelio, el pecador es liberado del poder del pecado. Presta atención una vez más a Romanos 6:14, 18: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia... y liberados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”. Sí, nuestro Dios nos ha librado de una vez para siempre de la esclavitud del pecado por el derramamiento de su propia sangre preciosa, habiendo obtenido para nosotros la redención eterna. Sí, la redención es por medio de sangre y de poder. Cristo pagó el precio al derramar su sangre, y el Espíritu Santo, por su poder, nos da la experiencia de la salvación. ¡Esto es lo que el evangelio hace por nosotros! Por lo tanto, jamás volveremos a estar a la venta como esclavos, porque nos hemos convertido en hijos de Dios, herederos del Padre y coherederos con Cristo. Y nuestro cuerpo es ahora el templo del Espíritu Santo. ¡Esto es motivo para elevar nuestras preces a Dios!

Cuarto, por medio de su poder, el evangelio nos da un corazón nuevo y una naturaleza nueva a fin de capacitarnos para servir a Dios y andar por un camino que nunca hemos transitado antes: ¡el camino de justicia! ¡Causa que guardemos su Palabra! ¡Qué pensamiento tan glorioso! Todo el pueblo de Dios ha sido salvo y está seguro para siempre, debido al poder del Espíritu Santo que nos guarda y mora dentro de nosotros.

¿Sabes algo de este evangelio de gracia en Cristo, que nos libra del poder y del reino del pecado? ¿O has sido engañado por ese falso evangelio del cristianismo carnal que se manifiesta en meramente creer y no libra del poder ni del reino del pecado, y, por lo tanto, condena tu alma? ¡Fuera con ese evangelio tan falso! Venga el verdadero evangelio de la gracia de Dios que viene con poder para romper el pecado en nuestra vida y corazón, y nos hace andar en una vida nueva en el Señor Jesucristo.

Libre del castigo y del poder del pecado – Primera parte

L. R. Shelton, Jr.

1921-2003

"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” – Gálatas 6:7, 8

Trasladado al reino de la gracia

La inclinación de la vida del hombre tiene que ser hacia el Espíritu de Dios, de otra manera, no es salvo. Si siembra para su carne, de su carne segará corrupción. Leemos en Romanos 8:5: “Porque los que son de la carne, piensan en las cosas de la carne” y, en el versículo 6: “Porque el ocuparse de la carne es muerte”. Esto se refiere a la muerte espiritual (la segunda muerte en el infierno), según Romanos 6:23; 8:6. “Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:8). Así que, si un hombre anda en el camino de la carne, no es de Dios. No agrada a Dios, sino que a sí mismo. Por otra parte, si uno vive según el Espíritu, se ocupa de las cosas del Espíritu, “y el ocuparse del Espíritu es vida y paz” en Cristo (Romanos 8:6).

La Palabra de Dios afirma claramente en muchos pasajes que cuando Dios salva al pecador en Cristo, dándole un corazón nuevo y una naturaleza nueva, lo saca completamente del reino del pecado (el dominio, el reinado y la soberanía del pecado), y lo traslada al reino de la gracia. Coloca al pecador redimido y salvo bajo el reinado de la gracia. Para comprobarlo, consultemos la ley y el testimonio de la Palabra de Dios en Colosenses 1:13: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”. Aquí el apóstol Pablo les dice a los creyentes en Colosas que ellos, que antes pertenecían al poder y el reino de las tinieblas (de Satanás y del infierno), han sido trasladados (o transferidos) de ese reino al reino de Cristo bajo el reinado de su gracia. Así que, ya no están bajo el poder ni el dominio del reino del pecado y las tinieblas, sino que ahora están bajo el poder y el dominio del reino de la luz, del cielo y de la gracia, lo cual les fue concedido por el Dios soberano en Cristo.

También cuando escribe a la iglesia en Filipos, el apóstol Pablo dice acerca de los cristianos: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20). No nos dice que nuestra ciudadanía estará allí, sino que está ahora en los cielos. Somos una colonia del cielo viviendo en este mundo, pero nuestra ciudadanía ya ha sido determinada por la gracia de Dios en la salvación, obrada en nosotros por el Espíritu Santo. Y encontramos esta misma verdad en Efesios 2:19 –los creyentes ya no son “extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos con los santos, y miembros de la familia de Dios”. En otras palabras, ha sucedido un cambio completo en nuestra posición. Hemos cambiado de reinos de una vez para siempre, de modo que ya no residimos en el territorio del pecado; y debido al hecho de que ya no vivimos bajo el dominio del pecado, el pecado ya no controla nuestro destino.

Antes de llegar a ser hijos de Dios por medio del nuevo nacimiento, estábamos unidos a Adán. Por el hecho de pertenecer a Adán y a su raza caída, todas las consecuencias de su pecado y sus acciones han recaído sobre nosotros. Pero si somos salvos, ya no estamos en Adán, ahora estamos en Cristo. Existen sólo dos posibilidades para cada persona que vive en la actualidad: estar en Adán o estar en Cristo. Éste es el mensaje total de Romanos 5:18, 19. Presta atención al leerlo: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación [el reinado del pecado en Adán] a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida [el reinado de la gracia en Cristo]. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores [el reinado del pecado en Adán] , así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos [el reinado de la gracia en Cristo]. Y en el versículo 17: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte [el reinado del pecado en Adán], mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, [el reinado de la gracia en Cristo]”.

Libres del poder del pecado

Lo que estamos diciendo es esto: ¡El evangelio de la gracia de Dios pone en libertad al pobre pecador cautivo! Queda libre tanto del poder como del castigo del pecado, porque ahora está en Cristo y en su reino. ¿Te das cuenta que el verdadero evangelio es “ poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16)? La palabra “poder” se deriva del vocablo “dunamis” que se refiere a dinamita. Así, esta dinamita del verdadero evangelio nos libra del pecado para andar en la vida nueva en Cristo. Cuando comparezcamos delante de Dios como pecadores perdidos, y escuchemos del tribunal del cielo la sentencia de nuestro destino –“el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:20)-- y nos sometemos a este juicio, sabiendo y reconociendo que somos pecadores que merecemos el infierno, luego, cuando escuchamos la predicación del evangelio –las buenas nuevas de liberación por medio de la sangre de Cristo-- y por el Espíritu Santo esto penetra nuestra alma, anhelamos este regalo de Dios en Cristo y clamamos para recibirlo. Por fe, vemos en Cristo y su evangelio una salvación completa que nos libra del pecado y todo su poder. Y nos lleva a confiar en él y alabarle por esta liberación que es para este tiempo y para la eternidad.

Mi amigo, ¿de qué sirve un evangelio si no presenta las buenas nuevas de liberación en Cristo? ¿O de qué sirve si no nos libra de lo que nos domina, nos ata y reina sobre nosotros, condenando nuestra alma al infierno? El verdadero evangelio libra a los hombres de la tiranía del pecado y rompe su poder. No les dice: “Pasa adelante en el culto profesando tu fe, dame la mano y pruébame por un día, una semana o un mes a ver si te va bien. Luego, si no lo puedes soportar, siempre puedes volver atrás para ser un cristiano carnal”. ¡No! ¡Ese no es el verdadero evangelio! El mandato del evangelio es éste: Acude a Dios con fe como un pecador arrepentido: Depone las armas de rebelión que has utilizado en su contra, luego, acércate a él (por medio del poder del Espíritu Santo que ahora obra en ti), lo harás aborreciendo el pecado y deseando al Señor Jesucristo, anhelando conocerle en su plenitud, conocer su poder y su liberación, y anhelando someterte a su señorío. Amigo mío, de esto se trata la gracia; y, por esta gracia, Dios te concede una salvación que no te dejará volver al reino de Satanás. La salvación de Dios te impedirá regresar al reino del pecado; porque esta gracia y este evangelio te domina, te guarda y te libera para este tiempo y para la eternidad, concediéndote gracia y poder por medio del Espíritu Santo que mora en ti a fin de que seas un vencedor en el Señor Jesucristo.

El reino de la gracia

Ahora bien, por medio del mismo evangelio que nos libra del reino del pecado, recibimos la garantía de la Palabra de Dios de que nuestros pecados han sido perdonados y que hemos sido trasladados al reino de la gracia y todo lo que significa en términos de poder. Porque el reino de la gracia es un reino muy potente, siempre produce ciertos resultados. Considera las siguientes preguntas: ¿No produjo el reino del pecado ciertos resultados? ¿Acaso no causó que la muerte se enseñoreara sobre nosotros? ¿No causó que pecáramos al hacernos odiar, blasfemar, matar, mentir, defraudar, robar, codiciar, envidiar y dar falso testimonio contra nuestro prójimo? ¿Acaso no nos llevó a hacer las cosas que desencadena la ira de Dios sobre nosotros? ¿No nos hizo ignorar nuestras convicciones y encaminarnos hacia el infierno? Claro que sí. Porque reinaba sobre nosotros. Era algo muy potente, era el soberano en el trono del corazón y teníamos que obedecerle. Del mismo modo, la gracia reina sobre cada hijo de Dios: “mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia“ (Romanos 5:20). Efectivamente, así como el poder y el dominio del pecado garantizan ciertos resultados, el reino y el dominio de la gracia garantizan más resultados todavía. Y estos resultados garantizan que mi salvación completa y definitiva está completamente asegurada. Garantiza que toda la dinamita y el poder tremendo del reino de la gracia están sobre mí y obran en mí, para llevarme al final, a la presencia de Dios, a un estado de absoluta perfección en la glorificación.

Dado que éste es el propósito del evangelio –romper el dominio del pecado y entronizar el poder de la gracia-- ¿seremos cristianos “carnales” y dejaremos el cetro en las manos de nuestra carne? ¡No! El propósito de la gracia de Dios que nos da en el evangelio es destruir al pecado con todas sus obras y todo lo que le pertenece (¡lo cual hará la mañana de la resurrección!). Porque Romanos 6:14 nos dice: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros”. ¿Por qué? Porque la gracia es mucho más poderosa. Donde abunda el pecado, sobreabunda más la gracia, ¡y este es el evangelio que la Biblia declara! Este es el evangelio de la gracia de Dios en Cristo que rompe el poder del pecado, nos libra y reina en nosotros, para que podamos andar en el camino de la justicia y la verdadera santidad. ¡Ningún otro es el verdadero, sino que es un evangelio pervertido! Por lo tanto, si estás viviendo en pecado, escondido detrás de una falsa profesión de fe, presentando excusas por tus pecados, y si el poder del pecado no fue roto a pesar de que dices que te convertiste, entonces te digo que, según la Palabra de Dios, estás perdido y no sabes nada del poder del verdadero evangelio de Cristo.

Es imposible seguir en pecado

Es más, esto nos lleva a Romanos 6:2: “Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos en él?” No podemos hacerlo. ¿Por qué? Porque la palabra “vivir” significa “continuar y morar”. Esto nos lleva a comprender que, en vista de nuestra posición (bajo el reinado de la gracia), ¡nos es imposible continuar viviendo una vida de pecado! Fíjate lo que dice 1 Juan 3:9: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”. Esta profunda declaración significa que el que nace de Dios ya no sigue en una vida de pecado, o sea que no hace de él una práctica. No puede continuar bajo el reino del pecado porque su simiente (la de Cristo) permanece en él, es decir, la nueva vida de gracia en Cristo. Juan no está afirmando que el que ha nacido de Dios nunca puede cometer un pecado, porque si éste fuera el significado del versículo, no habría nadie en el cielo, ni habría ningún cristiano hoy sobre la tierra. No, lo que está diciendo es que tal persona no puede continuar viviendo en el reino del pecado. Nota la palabra “no”, o sea que es imposible. Nuestro Señor dijo: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre”. Por lo tanto, considera todos estos pasajes y verás claramente que es imposible que un cristiano viva en el pecado, porque está bajo el poder de la gracia y vive en el reino de su fuerza poderosa. Porque el alma redimida se encuentra bajo la influencia y el poder de Cristo, no puede seguir viviendo donde vivía antes porque la misma gracia se lo impide.

Ahora bien, no estoy diciendo que la Biblia enseñe la perfección sin pecado, ni que nuestra naturaleza pecaminosa pueda ser erradicada en esta vida. Esto se debe a que el pueblo de Dios todavía tiene el pecado en la carne, tal como lo explica Romanos 8:10. Lo que está diciendo la Palabra de Dios es que el pecado reinó para muerte antes de que Dios nos salvara, ahora la gracia reina por medio de la justicia, y mayor es el Espíritu Santo que está en nosotros para hacer que la gracia abunde más dentro de nosotros que aquel que desde afuera (Satanás) cause que el pecado abunde en nosotros. El Señor dice más adelante en Juan 8: “Así que si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Esa es una libertad absoluta en la que interviene el Hijo, porque vino para darnos vida, y para que esa vida sea más abundante en él.

Este es el verdadero evangelio de la gracia de Dios en Cristo Jesús, del cual dijo Pablo: “No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). Este evangelio no sólo hace posible que seamos salvos, sino que también nos da todo lo que necesitamos para guardarnos por toda la eternidad. Por lo tanto, dice Romanos 8:1 de los que somos salvos por el verdadero evangelio y la gracia de Cristo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” para alabanza de nuestro Dios de gracia, ¡podemos decir que podemos andar, y andaremos, conforme al Espíritu, por su gracia!

domingo, 9 de octubre de 2011

¿QUÉ ES UNA IGLESIA BAUTISTA REFORMADA?

fuente: http://www.caractercristiano.org/
Si me preguntasen “¿Qué tipo de iglesia son ustedes?” no dudaría en responder “¡Somos una iglesia Bautista!”. Creemos en verdades a las que algunas veces se les ha llamado “Distintivos Bautistas”.

También contestaría que somos una “iglesia Reformada” puesto que apoyamos las grandes doctrinas de la Reforma respecto a la salvación del hombre. En este sentido no me molesta que a nuestra iglesia se le identifique como una iglesia “Reformada Bautista”, y deseo hablar del tema “¿Qué es una Iglesia Reformada Bautista?”

I. LAS ESCRITURAS

Primeramente, una Iglesia Reformada Bautista es una iglesia local que reconoce la autoridad suprema de las Sagradas Escrituras. En cuestión de la fe, esto es, en las cosas que creemos, y de la práctica, esto es, en las cosas que hacemos, nuestra única autoridad es la Palabra de Dios. Si algo, ya sea de fe o de práctica, es contrario a la Biblia, entonces, no importa quién alegue, no importa qué buenos argumentos se emitan a su favor, no podemos aprobarlo.

Reconocemos que en el funcionamiento de una iglesia local habrá cuestiones para las cuales no exista un mandamiento bíblico específico. Por ejemplo, tomemos como ilustración a la secretaria de una iglesia. Será difícil encontrar un capítulo y un versículo que especifique que se debe tener una, pero reconocemos que tales cosas son necesarias, y son de acuerdo al principio bíblico que especifica que todas las cosas se deben hacer decentemente y en orden.

Aún así, afirmamos enfáticamente que cuando no hay una órden bíblica específica para algo, no vamos a ver a tal cosa o situación como sagrada y obligatoria. Cuando la Palabra de Dios no justifica algo, no vamos a estar bajo esclavitud de esa situación o cosa, pero cuando las Escrituras claramente llaman a algo, ninguna consideración nos hará hacer lo contrario. Deseamos tener nuestras consciencias marcadas por los límites de la Palabra de Dios, pues creemos que ésta es la verdadera libertad. Creo que una serie de asuntos que se dan en algunas iglesias Bautistas de hoy en día no tienen bases bíblicas verdaderas. Son parte de la iglesia porque se introdujeron hace varios años y ahora son parte de la “tradición Bautista”. De hecho mucha gente da por sentado que son bíblicas, pero si se les reta a encontrar las evidencias bíblicas de tales costumbres, tendrían problemas para encontrarlas.

En otras áreas hay cosas que las Escrituras claramente ordenan pero que han sido abandonadas por la mayoría de las iglesias Bautistas modernas, y debemos hacer un llamado para que se adopten de nuevo.

Así que los Bautistas Reformados no se gobiernan por la tradición, ni por la opinión de los hombres, ni por los sentimientos, ni por el pragmatismo, sino solamente por la Palabra de Dios. Creemos en la autoridad de la Escritura, y deseamos en nuestra vida como iglesia ser modelo conforme a la Palabra de Dios. Debemos siempre pedir y buscar que Dios intensifique nuestro entendimiento de Su Palabra, y debemos estar siempre prestos a cambiar cualquiera de nuestras prácticas si es que está fuera de los límites de las Escrituras. La actitud que dice “No importa lo que la Biblia dice, así siempre lo hemos hecho” es para nosotros espantosa, y en efecto, pecadora. Debe ser “para la ley y el testimonio”, o ¿qué dicen las Escrituras?

II. LA PREDICACION

En segundo lugar, los Bautistas Reformados creen en la pre-eminencia de la predicación de la Palabra de Dios. Creemos que la predicación de la Biblia debe tener el lugar central en nuestros servicios. ¡Creemos que nada puede o debe tomar el lugar de la predicación de la Palabra!

Nuestra convicción es que la iglesia de Cristo ha sufrido porque ha degradado la predicación de la Palabra. Creemos que los seminarios y colegios bíblicos deben pre-eminentemente ser instituciones que preparen y estimulen a predicadores. Creemos que en cualquier lugar la gente de Dios debe ser alentada y animada a orar que el Señor dote hombres con el don de la predicación, y que Él dé predicadores a Sus iglesias, grandes predicadores, muchos predicadores. Creemos que hay una gran necesidad en las iglesias de Cristo de reconocer la importancia de la predicación de la Palabra de Dios, y quehombres jóvenes deber de ser animados a estudiar teología, historia de la iglesia, y los sermones de grandes predicadores del pasado, y que deben trabajar duro para llegar a ser buenos expositores de la Biblia.

III. LAS DOCTRINAS DE GRACIA

En tercer lugar, los Bautistas Reformados declaran su creencia sin temor alguno en aquellas doctrinas que algunas veces son llamadas Las Doctrinas de Gracia. Con esta expresión queremos especificar las doctrinas de la depravación total, elección incondicional, expiación definitiva, llamado eficaz, y la perseverancia de los santos. Nos regocijamos en estas grandiosas verdades que sostienen la soberanía de Dios en la salvación del hombre, y que tan gloriosamente afirman la realidad central de que la salvación es sólo por gracia, ¡y que la salvación es del Señor!

Nos gozamos en que las doctrinas de gracia están enlistadas en la Segunda Confesión de Fe de Londres de 1689 y en muchas otras confesiones Bautistas de la historia. Declaramos que en 1861 cuando Charles Spurgeon abrió el gran Tabernáculo Metropolitano en Londres, Inglaterra, celebró la ocasión teniendo invitados de renombre que predicaron sermones acerca de estas doctrinas. Y aún así, no es que creemos en estas doctrinas porque Spurgeon o cualquier otro bautista las predicó. Tampoco las creemos por el hecho de que estén enlistadas en las confesiones bautistas históricas, aunque nos regocijamos que así sea, sino que las creemos porqueestán claramente presentadas en las Sagradas Escrituras.

Reconocemos que vivimos en una época en la que estas verdades fundamentales son ignoradas, e incluso descaradamente negadas por muchos que profesan el nombre de “evangélicos” y “Bautistas”. Sabemos que son verdades poco populares, pero son verdades, y las recibimos y nos regocijamos en ellas.

¡También nos gustaría enfatizar que no sólo las creemos sino que además sostenemos que deben de ser claramente predicadas y enseñadas desde el púlpito!

Hoy vivimos la trágica situación en que los hombres dicen desde el púlpito que creen en las doctrinas de gracia pero que rehúsan predicarlas y enseñarlas a su gente. El resultado es que las iglesias están llenas de gente que ignora las grandes verdades de las Escrituras (y de la fe bautista de la historia), y por lo tanto, se empapa de verdades totalmente opuestas - las cuales reciben por la radio y publicaciones religiosas. Si un hombre llega a predicar las doctrinas de gracia a tales congregaciones, se generan escándalos y oposiciones. Esto es trágico, pero común. Creemos que en nuestros días se necesitan las doctrinas de gracia y que nuestra gente necesita ser instruída en ellas.

IV. EVANGELISMO

A continuación nos gustaría afirmar que los Bautistas Reformados creemos en la necesidad y responsabilidad de evangelizar. Ya no tenemos más simpatía por el Hiper-calvinismo que por el Arminianismo.

No creemos que hay incongruencia entre la soberanía de Dios en la salvación de Sus escogidos y Su mandamiento de predicar el Evangelio a toda criatura. Si pareciera haber alguna dificultad en nuestras mentes al compaginar cualquiera de las verdades de Su Palabra es por lo entenebrecido de nuestro entendimiento, y creemos que nuestro deber es obedecer la Palabra, la entendamos o no. ¡Nosotros creemos en el evangelismo!

Ahora, es verdad que no creemos mucho de lo que sucede bajo el nombre de ‘evangelismo’ en pleno siglo 21. Creemos que mucho de lo que hoy en día es llamado ‘evangelismo’ es poco más que psicología y mercadeo. Estamos espantados por las acciones superficiales que se dan bajo ese nombre; estamos horrorizados por las presiones, trucos y planes calculados para producir “decisiones” y estadísticas impresionantes; tales actos causan tremendos estragos en el alma de los hombres. ¡No!

El hecho de que creamos en el evangelismo no significa que vayamos a cooperar con cada proyecto que lleve ese nombre. ¡Creemos que en el evangelismo, como en todo lo demás, como hemos dicho antes, debemos ser gobernados por la Palabra de Dios! Aún así, insistimos que creemos en el evangelismo, y nuestra oración es que Dios nos mantenga conscientes de la necesidad de evangelizar. Que Dios nos dé la carga de la responsabilidad de evangelizar, sabiendo que es para Su gloria y para la salvación de los hombres.

Creemos que es nuestra responsabilidad dar a conocer el evangelio primeramente a nuestra comunidad, a Colombia, y al mundo entero. Creemos en las misiones, nacionales y foráneas, y creemos que debemos de buscar las almas de los hombres empleando métodos compatibles con la Palabra de Dios.

V. ADORACION

Por último, permítanme afirmar que una iglesia Reformada Bautista es una iglesia local con un serio enfoque en la adoración. El Dios que alabamos es un Dios de majestad, gloria y santidad. Y el Dios de la Biblia es Aquel a quien los ángeles del cielo constantemente claman “Santo, Santo, Santo”; le adoran de día y de noche; Él es grande y merecedor de toda alabanza.

Creemos que cuando nos congregamos para alabar este grandioso y glorioso Dios de la Biblia debemos hacerlo con reverencia y santo respeto. ¡Creemos que debemos sentir un TEMOR REVERENCIAL en nuestros corazones cuando nos reunimos a adorar a este Dios!

Tú dices, “Pero seguramente debe de haber gozo también”. Sí, efectivamente, estamos de acuerdo, pero además debe de ser un gozo que sea en el Señor, no un gozo que surja de los “sentimientos”, sino uno que surja del conocimiento de Dios, un gozo moderado y controlado por la reverencia.

Los Bautistas Reformados son tanto Bautistas como Calvinistas, y usualmente se adhieren a la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689

Doctrinas

Las iglesias Bautistas Reformadas suelen adherirse a la Primera y Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres. Estas dos no son consideradas completamente infalibles, pero son un resumen conveniente de las doctrinas de la iglesia. Los Bautistas Reformados tratan de derivar toda su doctrina directamente de la Biblia, a la cual ven como la única autoridad de fe y práctica.

Las iglesias Bautistas Reformadas son distintas en el sentido de que ambas son Reformadas (adheridas a y mostrando respeto por mucha de la teología definida por Juan Calvino), así como Bautistas(creyendo en el bautismo para creyentes solamente, y el cual es administrado por inmersión). Históricamente, los cinco puntos delCalvinismo han sido centrales para la fe Reformada, con los cuales las iglesias Bautistas Reformadas están de acuerdo por definición.

Los Bautistas Reformados sostienen la doctrina del Pacto de la Gracia, el cual es hecho únicamente con los elegidos. El bautismo es visto como una señal de la administración del Nuevo Pacto - hecho con aquellos que han sido regenerados al tener la ley escrita en sus corazones, sus pecados perdonados, y que tienen el conocimiento salvífico del Señor (Jeremías 31:31-34). Sólo aquellos que profesan creíblemente esta realidad pueden ser bautizados.

Los Bautistas Reformados modernos usualmente se consideran como los herederos espirituales de los Bautistas ingleses Juan Bunyan y Carlos Spurgeon. La teología Calvinista de los Bautistas Reformados es semejante a (si no descendiente directo de) aquella de la de los comienzos de los ingleses Bautistas Particulares.

Características comunes

Algunas características comunes de los Bautistas Reformados son:

· La centralidad de la Palabra de Dios: Las Escrituras tradicionales cristianas (tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento) son considerados como la "única regla de fe y práctica". Sin embargo, cualquier interpretación de las Escrituras siempre debe tener un fundamento ortodoxo.

· Credos: Los Credos antiguos (de los Apóstoles, Niceano, y Atanasiano), las confesiones históricas (de Londres de 1644 y 1689), así como los Catecismos (Catecismo Ortodoxo de 1680 y el Catecismo de Londres de 1689), son todos considerados como resúmenes de las enseñanzas de la Iglesia, pero ninguno son tenidos por la misma posición de autoridad que mantienen las Santas Escrituras.

· Principio regulativo de la adoración: La creencia de que "la manera aceptable de adorar al único Dios, es instituida por Él mismo, y está limitada por Su propia voluntad revelada, para que no sea adorado de acuerdo con imaginaciones y artilugios del hombre, o con las sugestiones de Satanás, bajo ninguna representación visible o de otra forma, que no esté prescrita en las Santas Escrituras", (del capítulo 22, párrafo 1 de la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689). Todo elemento de la liturgia semanal regular debe ser demandada expresamente en las Escrituras. Todo lo que esté demandado expresamente debe ser incluido; todo lo que no es expresamente demandado debe ser excluido. Esto se manifiesta en una liturgia relativamente simple.

Teología del Pacto: La mayoría se adhiere al contraste usual Reformado entre el Pacto de Obras en Adán, y el Pacto de la Gracia en Cristo (el último Adán) - y los Elegidos que están unidos a Él. Este Pacto eterno de la Gracia es revelado progresivamente a través de los pactos bíblicos históricos.

· Congregacional y Asociacional: No se reconoce ninguna iglesia terrenal como autoridad sobre el cuerpo de ancianos de la iglesia local. Sin embargo, tradicionalmente las congregaciones se "asocian" con otras congregaciones que sostienen enseñanzas similares. Estas "asociaciones" están formadas en la base de un sistema doctrinal particular (usualmente la Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689). Las congregaciones que ardientemente enseñan contrario a lo establecido en lo que se considera como ortodoxia, son finalmente puestas fuera de la "asociación."

· Oficiales Eclesiásticos: Hay dos oficiales en la iglesia: El anciano y el diácono. Cada iglesia local tiene varios ancianos(conocido como pluralidad de ancianos). Dentro de los Bautistas Reformados, este cuerpo local de ancianos es tradicionalmente llamado "el presbiterio" (que no debe ser confundido con la definición Presbiteriana de "presbiterio"). El pastor es considerado como uno de los ancianos. El presbiterio normalmente trata con el mantenimiento espiritual de la iglesia, mientras que el diaconado trata con los asuntos físicos de los miembros de la iglesia y el mantenimiento físico de la propiedad de la iglesia.

Cesacionismo: Los dones revelatorios del Espíritu Santo (apóstoles, profetas, hacedores de milagros, hablar en lenguas) son considerados por la mayoría de los Bautistas Reformados como cesados, y los Avivamientos son considerados medidas excepcionales soberanas hechas por Dios, y no deben ser buscadas como la norma común.

El domingo como el Sabbath cristiano. El domingo es usualmente llamado "el Día del Señor," y es considerado el único día santo del cristianismo. Los domingos, los Bautistas Reformados creen que deben descansar de toda labor terrenal y negocio, asistir a la adoración pública, y hacer buenas obras. Aún con claros enunciados en sus confesiones, no hay un total acuerdo entre los individuos Bautistas Reformados acerca de si la recreación es o no permitida en el Sabbath, pero esto es raramente debatido y cualquiera de las opiniones es normalmente permitida.

Historia relacionada

A principios del siglo XVII, los Bautistas en Inglaterra desarrollaron dos teologías diferentes. Los Bautistas Generales fueron llamados así porque se aferraban a la Expiación General. La visión general de la expiación es que Cristo murió para hacer posible la salvación de todos los hombres que crean. Esta posición está identificada con elArminianismo. Los primeros líderes entre los Bautistas Generales incluyeron a John Smyth y a Thomas Helwys.

Los Bautistas Particulares fueron llamados así porque se aferraban a la Redención Particular o Expiación limitada. La visión de la expiación es que Cristo murió para salvar a individuos particulares, usualmente llamados "los elegidos". Esta posición es usualmente identificada como Calvinismo. Algunos líderes Bautistas Particulares incluían a Benjamin Keach, Hanserd Knollys, William Kiffin, e Isaac Backus.

Particulares, el Calvinismo declinó y la práctica de la comunión abierta creció. En 1891, la mayoría de los Bautistas Generales que todavía quedaban se fusionaron con los Bautistas Particulares en la llamada Unión Bautista de Gran Bretaña, formada en 1813.

Bautistas Calvinistas

El término "Reformado" es visto en ocasiones por los confesionalistas Reformados como sólo válido cuando describe una creencia que es confesional y que se aferra a la teología del Pacto.

· Confesional, que se aferra a una de las confesiones históricas Reformadas, y para los Bautistas la confesión en la familia de confesiones de Westminster es la Confesión Bautista de Fe de 1689. Otras confesiones tenidas como Bautistas Reformadas incluyen la Primera Confesión Bautista de Londres (1644/46), la Confesión Bautista de Fe de New Hampshire de 1833, y elMensaje y Fe Bautistas.

· El aferrarse a la Teología del Pacto, como se describe en estas mismas confesiones. Esto es visto como entre los rasgos comunes tratados anteriormente.

Alternativamente, algunos Reformados aceptan a los Bautistas Reformados como "Reformados" en el sentido más estrecho de la palabra, pero, mientras no se aferren a la visión de Juan Calvino acerca de los sacramentos, no son "Calvinistas".

Bautistas Reformados importantes

Isaac Backus – Revolucionario estadounidense, delegado en el Primer Congreso Continental

Alistair Begg – Pastor escocés-estadounidense de la Cleveland's Parkside Church y maestro del ministerio radial "Verdad para la Vida"

James Petigru Boyce – Pastor Bautista del Sur del siglo XIX, teólogo, autor, maestro de seminario y fundador y primer presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur

Juan Bunyan – Autor puritano del siglo XVII, quien escribió El Progreso del Peregrino

Guillermo Carey – Misionero a la India y co-fundador de la sociedad Misionera Bautista

· Mark Dever – Pastor de la Capitol Hill Baptist Church en Washington, DC, y Director Ejectuvio de Ministerio 9Marcas

· Mark Driscoll – Pastor de la Mars Hill Church of Seattle, WA

John Gill – Teólogo del siglo XVIII

John Gano – Administró el bautismo por inmersión a George Washington durante la Revolución Americana

· R. Albert Mohler, Jr. – Noveno presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur

John Piper – Pastor de la Bethlehem Baptist Church en Minneapolis, MN, y fundador de los Ministerios Deseando a Dios

Charles Spurgeon – Predicador del siglo XIX

Gen. Robert Overton – Amigo personal de Oliver Cromwell

James White – Apologista cristiano, director de los Ministerios Alfa y Omega